La triste cobertura que llevó a cabo el periodista Álvaro Ojeda de la cabalgata de Reyes de Madrid nos dejó un divertido momento en que el reportero creyó identificar a uno de los participantes del desfile como Cristóbal Colón y, al saludarlo por tal nombre, este respondió «¡Soy Copérnico!». Dejando a un lado el ramalazo de homofobia que siguió a ese desencuentro, cuando Ojeda consideró que ¿Newton? era «un poquito amanerado», este suceso, además de servirnos como claro ejemplo de que hoy se llama periodismo a cualquier cosa, nos invita a una reflexión realmente interesante: ¿somos quienes decimos ser o somos quienes otras personas creen que somos?
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La homofobia más tonta del mundo
Ponte unas gafas rosas: gradúate la vista para erradicar la homofobia.
Después de varios años de reivindicación ha sido posible una pequeña victoria sobre la violencia simbólica: en la cabalgata de Reyes de Madrid por fin Baltasar es realmente un varón negro y no un disfraz de betún.
El movimiento en defensa de los derechos de las personas afrodescendientes comprendió muy pronto que la cuestión de la representación, de cómo se construye socialmente la imagen de la persona negra, resulta un punto de atención prioritaria para avanzar hacia la erradicación del racismo.
Nosotras, las personas lesbianas, gais, bisexuales, transexuales y demás, sabemos también que una de las maneras a través de las que se perpetúa la discriminación que sufrimos es la forma con la que se nos representa socialmente.
Felices fiestas… en clave LGTB
Durante los próximos días coinciden diferentes conmemoraciones religiosas y por algún extraño motivo solemos lanzarnos a celebrarlas, incluso cuando no creemos en ellas.
Ha llegado el momento del año en que todos y todas nos deseamos cosas buenas. Durante los próximos días coinciden diferentes conmemoraciones religiosas y por algún extraño motivo solemos lanzarnos a celebrarlas, incluso cuando no creemos en ellas, incluso cuando son empleadas por determinadas jerarquías eclesiásticas para limitar nuestros derechos.
No quiero entrar en la cuestión de si es posible conciliar el sentimiento religioso, sea el que fuere, con una orientación sexual o identidad de género no normativa. Hoy quiero detenerme únicamente en si es posible, en medio del panorama dibujado por los supuestos máximos representantes de las religiones del Libro, celebrar algo en estas fechas sin necesidad de renunciar a ser lesbianas, gais, bisexuales y transexuales.
‘Heterofobia’ y otros animales fantásticos (y dónde encontrarlos)
Nadie es agredido e insultado por ser heterosexual cuando camina por la calle dándole la mano a su pareja de otro sexo.
Como si estuviéramos viviendo dentro de una novela mala de la saga Harry Potter, esta semana ha llegado hasta nuestras pantallas la efigie tenebrosa de un interesante monstruo mitológico: la ‘heterofobia’. Y como buen mito que es, junto a tantos otros, esta particularísima bestia de ficción es utilizada por determinados sectores para tratar de entender una realidad que, ya que deja de discriminar sistemáticamente a una serie de personas, es incomprensible para otras que deben considerar que erradicar esa discriminación atenta contra su derecho a ejercer la violencia física, verbal y simbólica contra un grupo social que consideran enfermo, delictivo, pecaminoso, o todo esto mezclado. Por eso defienden que algunas de las reivindicaciones del movimiento en defensa de los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales son ‘heterófobas’, porque les quitan su ‘derecho’ a negar nuestros derechos. Vamos a pensar brevemente sobre lo que ha pasado esta semana.