«Perdidos unos, otros inspirados». El futuro feminista del movimiento LGTB

El movimiento LGTB ha muerto, y un verso de las Soledades de Góngora puede explicar por qué. No tiene por qué ser un problema: todos los movimientos sociales evolucionan, a menudo de tal forma que el siguiente paso apenas puede reconocerse en su camino previo. Pero la gran cuestión es saber hacia dónde estamos avanzando, saber por dónde transita el sendero que vamos a recorrer, y qué instrumentos nos servirán como guías. Y me temo que el movimiento LGTB muere, se estanca, porque ha perdido la brújula.

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¿Dónde están las lesbianas?

Aunque ahora hablamos de ‘personas LGTBI’ o de ‘diversidad sexual y de género’, con la intención de evitar focalizar continuamente en los varones gais todo nuestro discurso, sigue siendo habitual que la pretensión de que las afirmaciones que realizamos resulten más inclusivas realmente no llegue a superar eso, una intención difícil de materializar. Nos preocupamos tanto por la estética de las denominaciones que parecemos olvidar la ética que encierran: si hablamos de diversidad, de diferentes identidades, hemos de prestar atención a todas ellas, no seguir observando una única realidad, la realidad gay, amparándonos en el propósito no materializado de la inclusividad. Porque eso no es inclusividad, es puro postureo.

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Gestación subrogada y ética socialista

Si la donación de órganos no fuera anónima y se pudiera ofrecer a cualquier persona una cuantiosa “compensación económica” por cederle gratuitamente -nótese la sutil paradoja- un riñón, para reparar las molestias ocasionadas por el proceso y sus consecuencias, hace mucho tiempo que habría protestas para exigir la prohibición de esa forma encubierta de explotación.

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No necesitamos la gestación subrogada

He dudado mucho antes de decidirme a escribir esta columna. Sucede que la cuestión de la gestación subrogada genera siempre debates encarnizados, en los que sus defensores no dudan en emplear toda la artillería de que creen disponer. Recurren a ejemplos puntuales de familias felices con hijos obtenidos mediante esta práctica obviando los múltiples casos en los que el proceso conlleva graves problemas. Sin ir más lejos la primera mujer que se sometió a esta mal llamada técnica de reproducción, Elisabeth Kane, es hoy una firme defensora de la Coalición Nacional contra la Gestación Subrogada en los Estados Unidos.

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Erradicar la homofobia, abolir la prostitución.

Qué tendrá que ver la discriminación hacia lesbianas, gais, bisexuales y transexuales con la cuestión de la prostitución… Dejando a un lado que ambos son los temas que más interés me suscitan en el activismo social, me gustaría demostrar con estas líneas que su vinculación es mucho más estrecha de lo que pudiera parecer a primera vista; que las reivindicaciones del Feminismo y del Movimiento LGTB no sólo han venido enriqueciéndose mutuamente a lo largo de las últimas décadas, sino que deben seguir haciéndolo. Porque por caminos paralelos, a veces felizmente encontrados, avanzan contra un mismo adversario.

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¿Para qué sirve el Feminismo?

Como yo, mucha gente es incapaz de ver bien, de lejos o de cerca. Hay gente que, además, tiene astigmatismo, igual que yo, que es un problema de la vista que impide precisar bien los contornos de las figuras. Para evitar cualquiera de estos inconvenientes somos muchas las personas que utilizamos gafas y sólo gracias a ellas nos es posible apreciar la realidad tal y como es. Aunque parezca una metáfora demasiado sencilla –y muy utilizada–, es para eso para lo que sirve precisamente el Feminismo: para ver bien.

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Yo soy lesbiana política

Yo que aprendí a pensarme con Gayle Rubin, con Monique Wittig, con Adrienne Rich, con Judith Butler, me encuentro últimamente con un curioso dilema: si bien soy un hombre cisexual que enfoca su deseo hacia los hombres, cada vez me siento menos cómodo empleando para mí mismo la etiqueta gay. Y esto se debe, creo, a que si bien acostumbro a criticar lo que se viene llamando el pensamiento heterosexual, me empieza a preocupar la construcción de una suerte de pensamiento gay, producido únicamente por hombres gais y encaminado únicamente a defender sus intereses particulares, olvidando cualquiera de las posibles y necesarias intersecciones que se plantean en las reivindicaciones de los varones homosexuales. Sigue leyendo