Me siento a escribir poco después de que conociéramos cómo esta madrugada se ha extendido el terror por las calles de París. Ha ocurrido de nuevo: el fanatismo, que trata de imponer lecturas interesadas de cualquier creencia, de cualquier religión, ha provocado la muerte de decenas de personas en la capital francesa.
Políticas sobre Sexualidad y Género
Oyarzábal contra los autófagos
Líbrenme los dioses antiguos y modernos de ensalzar en momento alguno la estrategia de precampaña del Partido Popular, que recientemente ha descubierto la importancia del llamado voto rosa y trata de apropiarse de esa parte del electorado formado por lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. Pero desde que Iñaki Oyarzábal asistió a la mesa de debate político de la Conferencia de FELGTB el pasado fin de semana no dejo de pensar en que, como vengo anunciando desde hace tiempo, lo que allí observamos ha cambiado para siempre el panorama de la reivindicación de los derechos de la Diversidad Sexual y de Género, aunque haya aún mucha gente que no quiera comprenderlo.
¿Qué significa la bandera arcoíris?
Después de unas elecciones en Cataluña donde el juego de la senyera y la rojigualda ha eclipsado cualquier debate político de verdadero calado social, y tras una Fiesta Nacional en que la bandera constitucional -y cada vez menos la de aquel pasado de águilas, yugos y flechas- ha llenado los balcones, parece el momento adecuado para hablar de los símbolos identitarios y, así, reflexionar un momento sobre tantos y tantos trapos de colores que significan tantas y tantas cosas tan importantes. Entre todos ellos, claro está, quiero pensar sobre la nuestra: la bandera del arcoíris.
El nuevo cuento de Cristina
Érase una vez, hace apenas unos meses en un reino muy, muy cercano, que se prometió celebrar una gran fiesta cuando la Asamblea de Madrid, con motivo del Orgullo LGTB, realizó una declaración institucional en la que se comprometía a legislar para proteger los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. Poco después una de las princesas de aquella tierra, Carla Antonelli, publicó un edicto donde se ofrecía a organizar el gran evento, invitando a todos los grandes señores del reino, pero también a todos los ciudadanos y ciudadanas, desde el más notable al más plebeyo Sigue leyendo