París: para acabar con la violencia, pensemos en la paz

Me siento a escribir poco después de que conociéramos cómo esta madrugada se ha extendido el terror por las calles de París. Ha ocurrido de nuevo: el fanatismo, que trata de imponer lecturas interesadas de cualquier creencia, de cualquier religión, ha provocado la muerte de decenas de personas en la capital francesa.

Es difícil decir cuando el primer impulso es hacer, pero es necesario aprender a decir adecuadamente para poder hacer más sabiamente. Y yo, que no soy más que un activista por los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales, tengo muy claro qué quiero decir hoy y qué creo que es lo que tenemos que hacer.

Hace diez años se publicó Los homosexuales al rescate de la civilización, un libro de Cathy Crimmins donde se presenta la influencia que hemos tenido las personas no heterosexuales, con nuestras formas de vivir nuestra sexualidad libremente, en la creación progresiva de un entorno más libre tanto para nosotros y nosotras como para las personas heterosexuales. Creo que de nuestra forma de trabajar reivindicando derechos, de nuestro activismo, pueden extraerse enseñanzas muy útiles para afrontar el problema de la violencia a que nos somete toda forma de integrismo.

Cuando afrontamos la homofobia, la bifobia y la transfobia tenemos muy claro un principio fundamental, el mismo que escuché esta semana a Marcela Lagarde al hablar de las violencias contra las mujeres: no nos posicionamos “contra” las formas de violencia que sufrimos sólo por ser quienes somos, sino que buscamos la mejor manera de eliminarlas desmontando sus argumentos.

A su manera, estar “en contra” posibilita una confrontación en la que otra persona, a su vez, es colocada frente a ti. Lo que buscamos no puede ser nunca un enfrentamiento: buscamos estar “a favor” de una sociedad sin violencia, y para conseguir llegar a construirla estudiamos y tratamos de erradicar la violencia en cada una de sus manifestaciones.

Creo que para acabar con el terrorismo el posicionamiento de partida debe ser el mismo. ¿Para qué defender que estamos en contra de esa violencia cuando lo que hemos de conseguir es un mundo en que la violencia no exista?

Por eso lo más indicado es estar a favor de un entorno seguro, defender nuestro derecho a ser libres de toda forma de violencia, perseguir una paz perpetua. Si nuestra mirada se extiende hacia la paz, hacia un mundo donde el enfrentamiento haya sido erradicado porque todos nuestros esfuerzos se encaminen hacia la imposibilidad de la confrontación, quizá sea posible que lo consigamos. Por eso, para acabar con la violencia, empecemos a pensar en la paz.

Publicado en Cáscara Amarga el 14 de noviembre de 2015.

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