Yo soy lesbiana política

Yo que aprendí a pensarme con Gayle Rubin, con Monique Wittig, con Adrienne Rich, con Judith Butler, me encuentro últimamente con un curioso dilema: si bien soy un hombre cisexual que enfoca su deseo hacia los hombres, cada vez me siento menos cómodo empleando para mí mismo la etiqueta gay. Y esto se debe, creo, a que si bien acostumbro a criticar lo que se viene llamando el pensamiento heterosexual, me empieza a preocupar la construcción de una suerte de pensamiento gay, producido únicamente por hombres gais y encaminado únicamente a defender sus intereses particulares, olvidando cualquiera de las posibles y necesarias intersecciones que se plantean en las reivindicaciones de los varones homosexuales. Sigue leyendo

Una cuestión de extranjería

Desde el 19 de febrero Alesandra Chanel, española de 36 años, y Sofía Janeiro, portuguesa de 18, están detenidas en Dubai. Son dos mujeres transexuales y en esa región del mundo donde todo lo puede el dinero, cuesta exactamente 2.000 dírhams (unos 486€) que “un hombre se disfrace de mujer”. No vamos a detenernos en explicar a las autoridades dubaitíes en qué consiste la transexualidad, porque no es posible perder ni un minuto y algo me dice que les iba a costar entenderlo. Sigue leyendo

La infinita marea de la Diversidad

Para Boti García Rodrigo

Defender los derechos de personas lesbianas, gais, bisexuales y transexuales se ha convertido últimamente en un trabajo muy duro. Más sencillo lo tenían Hössli, Ulrichs, y toda aquella maravillosa generación de alemanes que lucharon en el siglo XIX contra el artículo 175 del código penal que penalizaba la homosexualidad. Y no porque fuera fácil, que no lo era, sino porque tenían simplemente un objetivo claro, como lo tuvimos en España cuando perseguíamos la aprobación de los cambios legales que permitieron el Matrimonio Igualitario y la Adopción Homoparental. Pero ahora el trabajo activista es más complicado Sigue leyendo

Para hablar de amor

Para hablar de amor es difícil encontrar palabras. Más aún para este amor nuestro, este amor distinto, de nombre tantas veces prohibido. Para poder presentarse, durante siglos, no disfrutó de otra fórmula que no fuera decir «yo soy el Amor que no se atreve a pronunciar su nombre[1], y aún así muchas veces se le llamó amistad, tan injustamente, y tuvimos casi que pedir permiso, casi suplicando «deja que diga… amor. Su nombre es ése[2] Sigue leyendo