Lágrimas negras: las consecuencias de la homofobia

El pasado martes celebramos el 17 de mayo, Día Internacional por la erradicación de la homofobia, transfobia y bifobia. Como tantas otras personas he pasado la semana hablando sobre homofobia -y transfobia y bifobia-, porque creo firmemente en que sólo hablando sobre ella conseguiremos hacerla desaparecer. Hay quien piensa que mencionarla continuamente es alarmista, que genera una imagen de inseguridad innecesario, y es mejor destacar los muchos avances que hemos conseguido en España. Pero creo que todos esos logros, todas esas leyes, si bien han empezado a cambiar la forma de pensar la sexualidad, no han hecho desaparecer de nuestro país la intolerancia. Incluso considero que pueden haberla agravadoPrueba de ello son los más de 70 incidentes lgtbfóbicos que lleva registrados desde que empezó 2016 el Observatorio Madrileño contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia.

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Ganar y defender la plaza

Siento emplear un título tan bélico -será que hace unos días alguien intentó declarar una guerra activista y terminó escaldado-, pero creo que es la mejor manera de expresar lo que supone que, por fin, Madrid reconozca y recuerde en su callejero la figura de un activista en defensa de los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales.

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Hay que volver a hablar de la homofobia

Hace más de ciento cincuenta años el primer activista de nuestro movimiento, el alemán Karl Heinrich Ulrichs, escribía que estaba orgulloso de haber sido el primero en tratar de asestar un golpe a una de las cabezas de la hidra, ese mismo monstruo mitológico que hoy llamaríamos homofobia pero del que, desde hace un tiempo, me temo que hablamos poco incluso entre el activismo en defensa de los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. Sigue leyendo