¿Qué hacemos con las personas heterosexuales?

Para Beatriz del Hoyo,

modelo de heteroconsciencia

La celebración del Orgullo en Madrid conlleva siempre una serie de rituales: asistir al pregón de las fiestas, participar en la manifestación de un modo más o menos activo, deambular por las calles de Chueca… y este año ha comenzado lo que será una nueva tradición: la colocación de la bandera arcoíris en decenas de edificios oficiales. Nuestra bandera ha servido para que las nuevas corporaciones municipales y gobiernos autonómicos hagan visible el cambio político y habrá que ver ahora si a la vindicación de los colores del movimiento en defensa de los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales realmente acompañan las más que necesarias políticas públicas contra la discriminación Sigue leyendo

Defender la poesía: el Orgullo de mi pueblo

Para vosotras, por tanto cariño

Hace ya quince años, cuando yo acababa de cumplir los 18, abandoné el madrileño barrio de San Blas donde crecí para ir con mi familia a vivir a un pequeño pueblo de la Comunidad de Madrid. Yo era por entonces bastante insoportable, todo hay que decirlo: no pensaba en otra cosa que no fuera la literatura. Y así entré por primera vez en la Casa de Cultura del pueblo, donde me encontré con Lorena Moreno, la bibliotecaria que acabó siendo mi amiga, y entre los dos organizamos un taller de poesía. Sigue leyendo

Orgullo es valentía

Acostumbrados como estamos a celebrar el Orgullo en Madrid, tumultuoso, festivo y aunque siempre reivindicativo cada vez más institucionalizado y, por tanto, menos transgresor; se nos puede llegar a olvidar que manifestarnos en defensa de nuestros derechos como lesbianas, gais, bisexuales y transexuales supone siempre un increíble acto de valentía. Porque incluso en la capital de nuestro Estado, donde parece que está todo conseguido, siguen llegándonos noticias de agresiones de manera constante Sigue leyendo

Su majestad escoja: humor negro y dignidad

Cuenta la tradición que andábase un día Francisco de Quevedo con cierto amigo con quien apostó a que sería capaz de llamar “coja” a Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, y así se presentó en palacio con dos flores, ofreciéndoselas a la reina pero pidiéndole que eligiera entre ellas: “entre el clavel y la rosa su majestad es coja”. Con este calambur, el más célebre de la historia del anecdotario literario español, quiero reflexionar hoy sobre los límites del humor negro, ahora que ciertos comentarios en redes sociales ha provocado la dimisión parcial de un concejal del Ayuntamiento de Madrid. Sigue leyendo