Uno de los debates más apasionantes -y por desgracia más olvidado- dentro del pensamiento en torno al movimiento en defensa de los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales es el que se refiere a si nuestras características particulares convierten a este grupo más o menos definido de personas en diferentes o no con respecto a las personas heterosexuales.
Autor: Ramón Martínez
Make the gays great again
Trump será el próximo Presidente de los Estados Unidos. Cristina Ortiz, La Veneno, ha sido asesinada. Y el Grupo Municipal de Ciudadanos en el madrileño distrito de Retiro ha intentado erradicar el cruising. Son tres noticias que parecen no tener ningún vínculo en común pero demuestran que algo está cambiando…
¿Bisexuales o pansexuales?
Uno de los mejores activistas trans españoles, FTM Lobo, compartía esta semana en su Facebook una imagen que trata de explicar la que se supone es la principal diferencia entre la bisexualidad y la pansexualidad. Según la imagen, la primera supone atracción hacia hombres y mujeres, en tanto que la segunda incluye también la atracción hacia hombres y mujeres intersexuales y transexuales, además de hacia cualquier persona transgénero. Lobo afirmaba, como joven trans, su radical oposición a esta diferenciación y yo, compartiendo su contrariedad, quiero reflexionar sobre la espinosa cuestión de las posibles distinciones entre etiquetas no monosexuales.
Yo no tengo miedo
Suelo emplear muy a menudo una frase de Amelia Valcárcel, una de las feministas más importantes de España: «quien tiene miedo no tiene poder». Creo que resulta necesario -si no urgente- hablar sobre nuestros miedos como lesbianas, gais, bisexuales y transexuales; intuyo que ese ejercicio puede ser muy útil para nuestro trabajo en defensa de nuestros derechos.