Make the gays great again

Trump será el próximo Presidente de los Estados Unidos. Cristina Ortiz, La Veneno, ha sido asesinada. Y el Grupo Municipal de Ciudadanos en el madrileño distrito de Retiro ha intentado erradicar el cruising. Son tres noticias que parecen no tener ningún vínculo en común pero demuestran que algo está cambiando…

El presidente electo intentó hacer el ya frecuente paripé fotográfico con una bandera arcoíris, e incluso disponía de una plataforma LGTB que lo apoyaba. Decía apoyar el Matrimonio Igualitario, pero su discurso machista y xenófobo advertía de que lo que ahora parecía una defensa descafeinada pronto podría convertirse en una absoluta oposición a los derechos de las personas no heterosexuales. Además, detrás de la aparente tolerancia en este aspecto de Trump se esconde el vicepresidente electo Mike Pence, que no solo ha defendido leyes discriminatorias contra lesbianas, gais, bisexuales y transexuales, sino que también ha afirmado su intención de destinar los fondos para la erradicación del VIH al desarrollo de “terapias curativas” de la homosexualidad. Ya ha afirmado que nuestros derechos serán los primeros en desaparecer, y es lógico suponer que a partir de ahora no llegarán buenas noticias desde los Estados Unidos. Pero hemos recibido ya la peor: esa plataforma LGTB de apoyo a las ideas del próximo presidente, que demuestra que también en Norteamérica para determinadas lesbianas, gais, transexuales y bisexuales resultan atractivas algunas opciones políticas aunque amenacen con erradicar buena parte de sus derechos. Supongo que no se sienten identificados con aquellas personas que, iguales a ellos, más precisan de la protección. Quizá consideren que su forma de vivir su Diversidad Sexual y de Género resulta más adecuada que las de otras personas; que no es precisa la reivindicación, sino la indiferencia hacia una serie de cualidades personales que todavía -digan lo que digan- pone en grave riesgo la vida de muchas personas.

Aún no sabemos si La Veneno ha muerto o ha sido asesinada, pero parece claro que con ella termina toda una época. Cristina Ortiz resumía en sí misma toda una década en que la Diversidad Sexual y de Género llegó a nuestras televisiones desde una perspectiva muy particular. Nuestra libertad se convirtió en un espectáculo, y fue gracias a él que empezamos a estar presentes de forma constante en los medios. Esa primera visibilidad libre hizo posible que, poco después, empezaran a escucharse nuestras demandas: así se abrieron los caminos hacia el Matrimonio Igualitario. Con todo, y a pesar de que las personas trans siempre han sido, por su irrenunciable visibilidad, quienes de manera más firme han estado al frente de nuestras reivindicaciones, también fueron y son constantes los planteamientos que condenan esa forma de visibilizarnos como contraproducente. Hay quien quiere que las personas no heterosexuales ofrezcamos una imagen más digna, esto es, más adecuada a los patrones de la ortodoxia sexual y de género. Antes de exigir respeto a nuestra forma de existir hay quien antes nos pretende hacer respetables; y hay quienes, en nuestras propias filas, defienden que es ese el camino adecuado.

Así esta semana se presentaba en la Junta Municipal de Retiro la proposición nº 2016/1042856, en la que el Grupo de Ciudadanos defendía “instar al área competente para tomar las medidas para evitar el fenómeno conocido como “cruising” o sexo al aire libre en el Parque del Retiro”. El cruising, en realidad, es algo más que “sexo al aire libre”. Se llamó cancaneo hasta que España aprendió inglés, y como medio de contacto entre varones gais y bisexuales resulta una de las tradiciones más antiguas de nuestra manera de experimentar la sexualidad. Pero, o tempora o mores, cambian los hábitos y se imponen nuevas formas de no ser heterosexual: ahora que disponemos del Matrimonio Igualitario y que aquellos encuentros nocturnos en la oscuridad de un parque pueden llevarse a cabo desde el anonimato de las aplicaciones móviles parece que esas costumbres tan propias se reinterpretan como despreciables. Quizá por eso Ciudadanos consideró que no habría problema alguno en presentar esa propuesta, ya felizmente retirada, y secundar los intentos velados de tantas administraciones conservadoras para criminalizar una práctica legal. Porque aunque haya quienes crean que el “escándalo público” sigue apareciendo en nuestro Código Penal, el “sexo al aire libre” es legal mientras no haya delante “menores de edad o personas con discapacidad” (art. 185).

Fue nuestro propio movimiento LGTB quien luchó contra esa legislación represiva que empleaba conceptos como buenas costumbres y orden público para perseguir nuestras libertades. Hoy, de manera no poco curiosa y contradictoria, hay quienes en nuestras propias filas parecen reivindicar aquellas cadenas del pasado. Deben creer que, para su forma de existir siendo LGTB, no suponen ningún peligro pero… ¿y para el resto de posibles vivencias de la Diversidad Sexual y de Género? ¿Debe ser monolítica y perfectamente adecuada a los patrones de la sexualidad normativa nuestra manera de existir como lesbianas, gais, bisexuales y transexuales?

Nuestro movimiento reivindicativo ha experimentado varias transformaciones a lo largo de su historia, y es preocupante observar que la deriva hacia posiciones más conservadoras ha sido una constante. El Orgullo de 1988, entonces llamado «Día de la liberación de gays y lesbianas», tenía por lema la frase «nuestra sexualidad no necesita más justificación que el placer que nos produce». Casi treinta años después es habitual escuchar a lesbianas, gais, bisexuales y transexuales que no se sienten representados por “la imagen” que se ofrece en el Orgullo. Casi como esa extraña diferencia que hace la web ultraconservadora Actuall entre homosexuales y homosexualistas, empieza a ser numeroso un sector bienpensante de la heterodoxia sexual y de género que busca disolverse en lo ortodoxo, hacer invisibles nuestras particularidades sexuales, sepultar en el olvido a referentes como La Veneno, y que podría llegar a votar por un candidato como Trump del mismo modo que en nuestra España apoya los discursos supuestamente tolerantes del Partido Popular y, ahora lo sabemos, Ciudadanos.

Lo peor no es que haga ganado Trump. Lo peor no es que haya muerto La Veneno. Lo peor no es que las ideas felices de Ciudadanos pretendan recortar libertades mientras sonríen diciendo que apoyan nuestros derechos. Lo peor es que sigue extendiéndose un discurso “reivindicativo” empeñado en convertirnos en algo que no queremos ser. Frente a esta deriva bienpensante de cierta parte de nuestras filas, seductora para quienes ya se sienten iguales a pesar de que en Madrid ya sean más de 200 los incidentes de odio en 2016, urge reivindicar aquel activismo transformador que gritaba en las calles exigiendo un nuevo mundo. Hay que volver a los orígenes de nuestro movimiento, a aquel momento en que queríamos cambiarlo todo, construir una nueva sociedad realmente comprometida con nuestros derechos y libertades. Make the gays great again.

Publicado en Cáscara Amarga el 12 de noviembre de 2016.

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