Nadie es agredido e insultado por ser heterosexual cuando camina por la calle dándole la mano a su pareja de otro sexo.
Como si estuviéramos viviendo dentro de una novela mala de la saga Harry Potter, esta semana ha llegado hasta nuestras pantallas la efigie tenebrosa de un interesante monstruo mitológico: la ‘heterofobia’. Y como buen mito que es, junto a tantos otros, esta particularísima bestia de ficción es utilizada por determinados sectores para tratar de entender una realidad que, ya que deja de discriminar sistemáticamente a una serie de personas, es incomprensible para otras que deben considerar que erradicar esa discriminación atenta contra su derecho a ejercer la violencia física, verbal y simbólica contra un grupo social que consideran enfermo, delictivo, pecaminoso, o todo esto mezclado. Por eso defienden que algunas de las reivindicaciones del movimiento en defensa de los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales son ‘heterófobas’, porque les quitan su ‘derecho’ a negar nuestros derechos. Vamos a pensar brevemente sobre lo que ha pasado esta semana.

