Me siento a escribir poco después de que conociéramos cómo esta madrugada se ha extendido el terror por las calles de París. Ha ocurrido de nuevo: el fanatismo, que trata de imponer lecturas interesadas de cualquier creencia, de cualquier religión, ha provocado la muerte de decenas de personas en la capital francesa.
Autor: Ramón Martínez
¿Para qué sirve el Feminismo?
Como yo, mucha gente es incapaz de ver bien, de lejos o de cerca. Hay gente que, además, tiene astigmatismo, igual que yo, que es un problema de la vista que impide precisar bien los contornos de las figuras. Para evitar cualquiera de estos inconvenientes somos muchas las personas que utilizamos gafas y sólo gracias a ellas nos es posible apreciar la realidad tal y como es. Aunque parezca una metáfora demasiado sencilla –y muy utilizada–, es para eso para lo que sirve precisamente el Feminismo: para ver bien.
«Ius iudicandi»: el derecho a juzgarnos, diagnosticarnos e insultarnos
En una consulta médica una mujer debe enfrentarse siempre a una discriminación porque, dado que los estudios de salud no suelen incorporar perspectiva de género, el tratamiento para su problema en realidad será el adecuado para un varón. Si esa mujer además no es heterosexual se enfrentará a otro problema más, pues en la mayor parte de los casos su médico supondrá que lo es y tratará sus afecciones obviando su realidad sexual, que puede afectar mucho a la precisión de su diagnóstico. Para evitarlo suele ser la paciente la que tiene que precisar que es lesbiana o bisexual, en lugar de que el profesional de la medicina se haga responsable de la situación y trate de emplear protocolos válidos para todo tipo de sexualidad. Pero si es la mujer que acude a la consulta la que revela su orientación sexual no heterosexual puede encontrarse con algo increíble: que el médico ofrezca un diagnóstico no para el problema que se le pide tratar sino para la propia sexualidad de la paciente, a la que después de su declaración considera, de un modo u otro, una enferma. Así ha sucedido esta semana en Alicante cuando una mujer lesbiana ha tenido que escuchar de su médico «no es por meterme contigo, pero sabes que ser homosexual es anormal. Lo normal es ser heterosexual y es por esto que vosotras tenéis más enfermedades«.
Oyarzábal contra los autófagos
Líbrenme los dioses antiguos y modernos de ensalzar en momento alguno la estrategia de precampaña del Partido Popular, que recientemente ha descubierto la importancia del llamado voto rosa y trata de apropiarse de esa parte del electorado formado por lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. Pero desde que Iñaki Oyarzábal asistió a la mesa de debate político de la Conferencia de FELGTB el pasado fin de semana no dejo de pensar en que, como vengo anunciando desde hace tiempo, lo que allí observamos ha cambiado para siempre el panorama de la reivindicación de los derechos de la Diversidad Sexual y de Género, aunque haya aún mucha gente que no quiera comprenderlo.