Homofobia imprudente: misteriosa multa en el Orgullo

Botella se marchó, pero las multas se quedaron. Por fin, y tras un complicado silenciamiento, esta semana se ha hecho público que en el Orgullo de 2015 el Ayuntamiento de Madrid, como ya es casi tradición, sancionó nuestras reivindicaciones. Porque hacemos demasiado ruido. Eso sí, algo ha cambiado esta vez: ahora no son sólo los empresarios que organizan nuestras fiestas quienes recibieron la multa municipal: por primera vez en la historia del Orgullo las entidades que convocan la marcha también han sido condenadas.

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Salir del armario significa visibilidad, no juicio público

Jueces, militares, diputadas, exministros, concejales, modistos, periodistas, y ahora también deportistas y modelos. Salir del armario, visibilizarse como lesbiana, gay, bisexual o transexual, es quizá la práctica más característica de esto que somos cuando no somos heterosexuales o cisexuales. En poco más de un mes nuestra querida España ha visto a un árbitro de fútbol, a un patinador, a un waterpolista olímpico y a un Míster España decir públicamente que son gais. Toda visibilidad es buena, porque gracias a tantos y tantas referentes puede asegurarse que nuevas generaciones de personas no heterosexuales, pero ¿qué ocurre cuando alguien sale del armario? Hoy quiero reflexionar sobre ello.

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¿Cómo se puede justificar la homofobia?

No son pocas las ocasiones en que trata de disculpar una conducta abiertamente contraria a los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales recurriendo a los más variopintos y peregrinos argumentos. Salvador Giner, en su Sociología del mal y en un artículo previo habla de la sociodicea, término acuñado por Bordieu con que se evidencia la costumbre de los seres humanos de justificar los diferentes males que nos encontramos en el mundo. Estos días, después de los dos incidentes homófobos del pasado fin de semana, el beso de dos jóvenes frente a una manifestación de ultraderecha y el chico al que le rompió la nariz un hombre al que había llamado guapo, han sido habituales los razonamientos que exculpan a los agresores y trasladan la responsabilidad de la homofobia a las víctimas que la padecen. Y yo quiero detenerme a reflexionar sobre ello, porque no hacerlo no sólo es dar pábulo a esa sociodicea homófoba sino que interpretar que la justificación de la intolerancia no debe ser denunciada encierra en sí misma una forma compleja de la misma sociodicea.

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