¿Qué significa la bandera arcoíris?

Después de unas elecciones en Cataluña donde el juego de la senyera y la rojigualda ha eclipsado cualquier debate político de verdadero calado social, y tras una Fiesta Nacional en que la bandera constitucional -y cada vez menos la de aquel pasado de águilas, yugos y flechas- ha llenado los balcones, parece el momento adecuado para hablar de los símbolos identitarios y, así, reflexionar un momento sobre tantos y tantos trapos de colores que significan tantas y tantas cosas tan importantes. Entre todos ellos, claro está, quiero pensar sobre la nuestra: la bandera del arcoíris.

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Vivir con miedo (siendo gay)

Lo único bueno que puede reconocerse a esa catástrofe que es BiciMad -el servicio de bicicletas públicas que (no) funciona en Madrid- es que obliga a caminar mucho a sus usuarios, buscando una bici disponible por toda la ciudad para finalmente llegar al destino a pie. Y esta madrugada, como tantas otras, ese largo paseo me ha servido para recordar una de las características fundamentales de la Cultura de la homofobia: que lesbianas, gais, bisexuales y transexuales estamos condenados a vivir con miedo.

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¡Vaya par de gemelas! El Papa y Mugabe abren con la misma llave.

Mejor este título con aires de sainete que un honorable Vidas paralelas, tan Plutarco, que resulta difícil asociar a la forma de pensar tan poco honrosa de las dos personas que ocuparán estas líneas. Esta misma semana, mientras doce agencias de las Naciones Unidas han hecho un llamamiento a la comunidad internacional para detener la violencia contra las personas lesbianas, gais, bisexuales y transexuales, hemos escuchado precisamente en la Asamblea General de la ONU a Robert Mugabe, presidente de Zimbabue, afirmando que, en su país, «no estamos de acuerdo con los intentos de imponernos nuevas reglas que son contrarias a nuestros valores, normas, tradiciones y creencias. No somos gays«. Sigue leyendo

El nuevo cuento de Cristina

Érase una vez, hace apenas unos meses en un reino muy, muy cercano, que se prometió celebrar una gran fiesta cuando la Asamblea de Madrid, con motivo del Orgullo LGTB, realizó una declaración institucional en la que se comprometía a legislar para proteger los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. Poco después una de las princesas de aquella tierra, Carla Antonelli, publicó un edicto donde se ofrecía a organizar el gran evento, invitando a todos los grandes señores del reino, pero también a todos los ciudadanos y ciudadanas, desde el más notable al más plebeyo Sigue leyendo