Si no tiene libros en casa, no te lo folles

“Necesitamos hacer que los libros molen de nuevo. Si vas a casa de alguien y no tiene libros… no te lo folles”, decía John Waters, el director de Pink Flamingos. Hoy 23 de abril, que recordamos la muerte de Cervantes y celebramos el Día del Libro, no creo que haya mejor consejo ni reflexión: sin libros, el sexo es peor.

Hacen falta más libros. Más libros para lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. Que el nuestro sea un movimiento reivindicativo centrado en la sexualidad no tiene por qué significar que no necesitemos que nuestra orientación sexual y nuestra identidad de género lleguen más allá de con quién nos gusta acostarnos o si nos sentimos mejor en un género u otro. Y aunque la cultura sea habitualmente lo último que se menciona en cualquier colectivo -si es que llega a mencionarse alguna vez-, yo creo que reivindicarla debe ser fundamental. Necesitamos libros, películas y música que hablen de las cosas que nos ocurren. Yo estoy harto de que la gente sólo conozca historias heterosexuales, de que nuestras experiencias  sumen apenas el 1% de todas las que se publican. Y estoy también harto de que seamos cómplices de esto. Deberíamos hacer una huelga cultural: no leer ni un libro, ni ver una película, ni escuchar ni una canción que hable de sentimientos heterosexuales hasta que las nuestras no sean al menos el 10% del total, el mismo 10% que somos. Nos han enseñado a pensar y a sentir con esos libros que no hablaban de nosotros y nosotras, y para reinventarnos libremente necesitamos libros que nos reconcilien culturalmente con nuestra propia experiencia vital.

Claro que puede ser mucho peor, porque hay gente que ni reivindica libros propios ni dedica un solo segundo a los ajenos. Y a mí me preocupa mucho que esa gente esté convirtiendo nuestra sexualidad en algo de mala calidad. Cuando uno practica sexo nunca está solo: en toda relación sexual hay más de una, dos, tres o más personas, porque cada una de ellas está ahí con todos sus referentes artísticos. Cuando dos chicos con lecturas ajenas se acuestan juntos convocan en su cama a Romeo y Julieta, Calisto y Melibea, Tristán e Isolda… Si además se han preocupado por leer las historias de sus semejantes, también estarán allí Miguel Ángel y Tommaso Cavalieri, Shakespeare y el Fair Youth, don Quijote y Sancho, Mio Cid y Alvar Fáñez, Lorca y Cernuda… Pero sin libros están solos: su sexualidad no tendrá ninguna trascendencia. Podrán follar como animales, pero creo difícil que puedan superar ese nivel.

Los libros hacen que el sexo sea mejor porque lo convierten en algo trascendente. Transforman un encuentro más o menos fortuito, más o menos anónimo, en un evento que se enlaza con toda la historia de nuestra humanidad, y con toda la historia de nuestra sexualidad. Si vas a casa de alguien y no tiene libros, no te lo folles. Si reivindicamos nuestro derecho al sexo anal, defendamos también que no merecemos sexo analfabeto.

Publicado en Cáscara Amarga el 23 de abril de 2016.

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