«Ius iudicandi»: el derecho a juzgarnos, diagnosticarnos e insultarnos

En una consulta médica una mujer debe enfrentarse siempre a una discriminación porque, dado que los estudios de salud no suelen incorporar perspectiva de género, el tratamiento para su problema en realidad será el adecuado para un varón. Si esa mujer además no es heterosexual se enfrentará a otro problema más, pues en la mayor parte de los casos su médico supondrá que lo es y tratará sus afecciones obviando su realidad sexual, que puede afectar mucho a la precisión de su diagnóstico. Para evitarlo suele ser la paciente la que tiene que precisar que es lesbiana o bisexual, en lugar de que el profesional de la medicina se haga responsable de la situación y trate de emplear protocolos válidos para todo tipo de sexualidad. Pero si es la mujer que acude a la consulta la que revela su orientación sexual no heterosexual puede encontrarse con algo increíble: que el médico ofrezca un diagnóstico no para el problema que se le pide tratar sino para la propia sexualidad de la paciente, a la que después de su declaración considera, de un modo u otro, una enferma. Así ha sucedido esta semana en Alicante cuando una mujer lesbiana ha tenido que escuchar de su médico «no es por meterme contigo, pero sabes que ser homosexual es anormal. Lo normal es ser heterosexual y es por esto que vosotras tenéis más enfermedades«.

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Oyarzábal contra los autófagos

Líbrenme los dioses antiguos y modernos de ensalzar en momento alguno la estrategia de precampaña del Partido Popular, que recientemente ha descubierto la importancia del llamado voto rosa y trata de apropiarse de esa parte del electorado formado por lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. Pero desde que Iñaki Oyarzábal asistió a la mesa de debate político de la Conferencia de FELGTB el pasado fin de semana no dejo de pensar en que, como vengo anunciando desde hace tiempo, lo que allí observamos ha cambiado para siempre el panorama de la reivindicación de los derechos de la Diversidad Sexual y de Género, aunque haya aún mucha gente que no quiera comprenderlo.

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¿Qué significa la bandera arcoíris?

Después de unas elecciones en Cataluña donde el juego de la senyera y la rojigualda ha eclipsado cualquier debate político de verdadero calado social, y tras una Fiesta Nacional en que la bandera constitucional -y cada vez menos la de aquel pasado de águilas, yugos y flechas- ha llenado los balcones, parece el momento adecuado para hablar de los símbolos identitarios y, así, reflexionar un momento sobre tantos y tantos trapos de colores que significan tantas y tantas cosas tan importantes. Entre todos ellos, claro está, quiero pensar sobre la nuestra: la bandera del arcoíris.

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Vivir con miedo (siendo gay)

Lo único bueno que puede reconocerse a esa catástrofe que es BiciMad -el servicio de bicicletas públicas que (no) funciona en Madrid- es que obliga a caminar mucho a sus usuarios, buscando una bici disponible por toda la ciudad para finalmente llegar al destino a pie. Y esta madrugada, como tantas otras, ese largo paseo me ha servido para recordar una de las características fundamentales de la Cultura de la homofobia: que lesbianas, gais, bisexuales y transexuales estamos condenados a vivir con miedo.

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