Activismo se escribe con Z: palabras para Pedro

¿Cómo empezar a escribir sobre ti, Pedro, amigo, cuando hace apenas tres días tu marcha nos ha dejado sin palabras? ¿Qué historias contar sobre ti a quienes nos quieran escuchar, qué cosas contarte de cuantas no has podido ver ya? Han sido muchos los homenajes, las hermosas palabras, los recuerdos y, sobre todo, infinitos los abrazos. Sabrás, porque yo sé que encaramado a tu arcoíris nos observas sonriendo, que tus amigos, los que conocías y los miles que aún te quedaron por conocer, pasamos el martes anonadados, entre la lágrima por no poder llorar contigo y la sonrisa que convocaba tu sonrisa. Abrazos con nuestra Rosa, con Carla, Boti, Beatriz, Miquel, Toni, Jesús, con los activistas de mi generación, heredera de la tuya, con quienes nos seguirán a nosotros; y grandes aplausos que duraron siglos. Una ciudad entera, Madrid, tu ciudad, alabando tu figura, tu porte discreto de canario universal; un planeta entero que pensaba en tus palabras, en lo que has sido y has significado.

¿Te acuerdas de aquella tarde en Huertas en que me presentaste a Liliana? He estado buscando y creo que es de las primeras fotos que tenemos juntos, con nuestra amiga que nos recuerda al otro lado del Atlántico y que me escribió conmovida. Porque aún no nos es posible creérnoslo. Quedaba tanto por hacer. Tenías un viaje pendiente para tratar de ayudar a hacer en América lo que tanto costó llevar a cabo en España. Sólo las sonrisas que heredan tu sonrisa, animadas por ella, van a poder luchar tanto como nos enseñaste.

Encontré otra foto, Carla y tú, con tu Jesús, con Fernando y conmigo, paseando por el Retiro tras una entrega de premios. Creo que es uno de los mejores recuerdos: tus bromas constantes con nuestra diputada, que ya sabes que a veces trataba de ser tu hermana seria, y otras tantas te seguía el juego. Pocas veces he podido disfrutar más de un encuentro, y menos aún aprender tanto mientras disfrutaba.

No hace falta que te diga ahora cómo nos has cambiado a todos: conocerte era abrir la puerta a nuevas formas de pensar, y trabajar contigo era aprender a pensar de otra manera. Me acuerdo de que al principio yo, tan teórico, tan librario, encontré un mundo nuevo gracias a tus ganas de calle, a tu compromiso con estar donde había que estar, con luchar donde había que luchar. Gracias a ti me reenganché al activismo más humano, y ahora prácticamente no me reconozco en quien yo era hace unos años. Gracias a conocerte soy diferente. Gracias a tu amistad soy mejor.

Habrás leído seguro cómo esta semana han sido muchas las palabras que te han dedicado tus amigos en tantos y tantos medios. ¿Me dejas contarte lo que dicen los más jóvenes, esos amigos nuestros que apenas tuvieron ocasión de hablar contigo? Porque yo creo que son -somos- los jóvenes activistas quienes más conscientes hemos sido de lo que ha supuesto tu partida. Los que te conocimos primero en televisión, en los periódicos y los discursos, entendimos rápido que el hombre que teníamos frente a nosotros era en realidad un gigante, de esos que nacen pocos cada siglo, de los que ayudan a las buenas ideas y a las buenas personas a cruzar los ríos imposibles. Ése puede que sea el relato que todo lo vertebra en la que fue tu vida: la historia, ya el mito, del trabajo desinteresado por los derechos de todas las personas, que apenas es consciente de su increíble importancia, que piensa y vuelve a pensar sobre la mejor manera de ayudar sin que apenas se note, que vive en prosa una vida llena de poesía. Lo he hablado esta semana con jóvenes activistas de todas partes. Rubén, entre todos ellos, es el que mejor lo ha contado: tu figura es ahora un símbolo que a nosotros nos corresponde honrar. Hemos de cuidar tu legado porque en ti se ha resumido lo que significa el activismo. Y con tu partida nos has enseñado que, parafraseando a un símbolo que te precedió, los activistas no mueren, los activistas se siembran.

Gracias, Pedro, por tantísimas cosas que no caben en unas líneas. Por cambiar el mundo, por cambiarme a mí. Por intentar y conseguir que todo y todos fuéramos mejores. Gracias por enseñarnos en lo personal y en lo político. Gracias por regalarnos tu sonrisa, que es nuestra mejor arma para todas las batallas.

Te quiere,

Ramón

Publicado en Cáscara Amarga el 13 de junio de 2015.

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